La Virgen preside, con suma elegancia, la parte principal de la Ermita, en el crucero. El Sacristán pasa gran parte del día por los diferentes espacios de este edificio sagrado. Mientras realiza sus tareas, conversa con La Virgen del Consuelo, su Virgen por la que ha entregado toda su vida. Habla con ella, en un dialogo que, a la vista del resto, sería un soliloquio. Él la habla y él se responde. Pero un día, cuando todo parecía tranquilo, una pandemia asola a la humanidad.
En su desesperación y desde el
confinamiento obligado, el Sacristán se cobijará en el amparo de su señora. En
la soledad, la espiritualidad se hará más profunda. El Sacristán recibe el
encargo de la Hermandad para que cuente a los fieles y vecinos del pueblo la
historia de la Virgen en el 50 aniversario de su coronación. En un acto
solemne, rememora sus milagros para alimentar su alma y que no olviden los
motivos más que justificados que tienen para tan distinguida veneración. Todo
el mal de la pandemia acaba por fin un día, esto alegrará al Sacristán por lo
que procura en los demás, no por él, para él poco cambia, él se siente
protegido en ese espacio bendito.
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Hermandad Nuestra Señora del Consuelo |